miércoles, 24 de octubre de 2012

Turismo por Finlandia IV: San Petersburgo II

Ayer nos quedamos en la noche del domingo al lunes y hoy continúo contándoos mi viaje a San Petersburgo.
El lunes fuimos a Peterhof, un palacio a algunos kilómetros de distancia de la ciudad, previo paso por el metro y el bus. Primero, los transportes que, según he leído, el metro es uno de los más profundos del mundo y está prohibido hacer fotos bajo pena de multa. Una vez que entras dentro lo entiendes porque está muy decorado con símbolos comunistas y demás representaciones. Eso sí parece que retrocedes unos cuantos años porque no tiene máquinas automáticas, el billete es una moneda al estilo de las que se usan en el autolavado de coches que cuesta 27 rublos (algo menos de un euro) y unos teléfonos de comunicaciones como los que salen en Cuéntame. Ya en el bus nos tuvimos que servir de una chica de nuestro grupo que hablaba ruso porque no había manera de encontrar el bus adecuado, aunque en realidad era más una furgoneta grande.
Bien, ya en Peterhof que lo llaman el Versalles de San Petersburgo resultó que todo estaba cerrado porque era lunes. Aun así pudimos ver los jardines porque las chicas éramos muy guapas (palabras textuales del guardia de la puerta). Ya dentro otra vez vuelta al puro estilo ruso, es decir, dorado, blanco, tamaños excesivos y colores llamativos. Pese a esto destacar que es bastante bonito y bien cuidado, aunque me gustaría conocerlo un poco más. 
Al salir fuimos a una iglesia cercano, de la que no sé el nombre, porque nos habían dicho que merecía la pena. He de reconocer que sí. que era chula hasta que el encargado del lugar nos echó de allí por hacer fotos y tampoco puede verlo en profundidad.
Ya por la noche fuimos a cenar a un restaurante de sushi y descubrimos lo milimétricos que son los rusos y el  no se aplica la oferta porque es hasta las seis y habéis pedido a y veinte. Aunque llevábamos sentados desde    menos cuarto. Además cuando nos entregan la cuenta podíamos aplicar un descuento y nos dicen que ya está impresa y que no se puede. Nada, te haces y ya está que a San Petersburgo no se va todos los días. De noche fuimos a ver cómo se abrían los puentes porque por a medianoche se abren todos e incomunican las dos islas principales hasta la mañana siguiente.
El martes por la mañana nos dirigimos a la fortaleza de San Pedro y San Pablo donde dimos una pequeña vuelta y nos asomamos a la iglesia principal. Iglesia en la que hubiera entrado pagando si no estuviera llena de andamios y eso fue todo.
Para comer nos decantamos por otro restaurante ruso donde pedí una especie de tortellinis rusos rellenos de salmón que estaban muy ricos. Y para volver al barco cogimos la línea 3 de metro que, para evitar suicidios, tienen el paso a los vagones tapiado y se abren las puertas cuando llega el vagón. En París ya había visto este mecanismo pero eran mamparas de cristal y no bloques de cemento y puertas de metal que parece que te llevan a un búnker para bombas.
En resumen, el viaje me ha parecido genial y el lugar increíble pese al gran contraste que supone pasar de Finlandia a Rusia. Como hablaba ayer con mi compañera de piso alemana son rudos, cortantes, secos y la ciudad está un poco sucia; pero la ciudad tiene algo que gusta. Y, destruyendo estereotipos, no me pareció tan peligrosa como te lo cuentan antes de ir y, confirmando otro estereotipo, se come bien.
Aquí viene otra sesión de fotos, son menos de las que quería pero he tenido unos problemas técnicos. Si  los soluciono actualizo. Moi moi
El puente principal de San Petersburgo a medianoche
La fuente principal de Peterhof

Los jardines de Peterhof

La última puesta de sol desde el barco


martes, 23 de octubre de 2012

Turismo por Finlandia III: San Petersburgo I

Después de peticiones varias de que suba la entrada de mi último viaje y de que enseñe fotos por fin me he decidido. No, es mentira; lo que pasa es que me toca pasarme siete horas sin clase en la universidad y sin nada que hacer y por eso me he puesto. Por lo tanto, empecemos.
Retrocedamos al sábado día 13 de octubre que había quedado con mis amigos para ir a San Petersburgo. Pero, como sigo demostrando mi inteligencia, me dejé el pasaporte en casa, por esto me tuve que volver corriendo a mi casa a cogerlo y casi pierdo el barco. Cuando llegué a hacer el check-in y a la plataforma de embarque me sentía como Leonardo DiCaprio al principio de Titanic.
Sin embargo, conseguí llegar y atracar en la ciudad trece horas después Lo primero que hicimos fue ir al albergue MIR que era muy cuco y estaba muy muy bien, una gran relación calidad-precio. Lo recomiendo ampliamente. Y se me olvidaba mencionar que está en la calle principal, Nevski Prospekt, de San Petersburgo.
Después nos fuimos al Hermitage que, aunque no he podido hacer fotos en el interior, está un poco por debajo de mis expectativas. También cuenta que nos dimos una hora para verlo y es complicado empaparse de todo, aun así vi algunos de los cuadros más interesantes como La Danza de Matisse, diversos cuadros de las vanguardias francesas, la colección española y la italiana con un Da Vinci. Además se entra gratis siendo estudiante, ¡qué más se puede pedir!
Ya por la tarde quedamos con unas amigas alemanas de una chica que viajaba con nosotros y dimos una vuelta por Nevski Prospekt, comparable a unos Campos Elíseos de San Petersburgo, y alrededores. Por lo cual vimos la catedral de San Isaac y el parque de alrededor; y ya en la calle principal la catedral de Kazan, los diversos puentes y palacetes y la catedral del Sabor de la Sangre (traducido en inglés sería Church of the Savior on Blood o entre nosotros la iglesia con el nombre gracioso). También fuimos a un puente donde había que tocar el trasero de un león, pedir un deseo y cruzar el puente. Creo que no hay ciudad en la que no haya una tradición del estilo y yo las voy cumpliendo siempre que las sé como en Praga y Florencia.
De noche cenamos en un restaurante de comida rusa donde tomé una especie de panecillos con queso salado de Georgia y refresco de pera que creo que era de Armenia. Os dejo una foto más abajo. Y más adelante fuimos a dar una vuelta por el centro con las amigas alemanas de por la tarde e hicimos fotos de noche. Eso sí aún no sé lo que gastan en iluminación porque todo está como un árbol de navidad.
Os dejo algunas fotos. Moi moi.

La comida rusa
El Hermitage por detrás y de día


La catedral de San Isaac

La catedral de Kazan
Church of the Savior on Blood 

El Hermitage por delante y de noche
Mapa de San Petersburgo

viernes, 12 de octubre de 2012

Cada día soy un poco más finlandesa

Hoy os contaré los pasos que he seguido para ser casi finlandesa, el pelo y el idioma es lo que me faltan:
  1. Bicicleta. Como casi todo el mundo sabe me he hecho con una bicicleta por poco dinero. Así que ahora voy todos los días a la universidad en bicicleta. Aunque el primer día lo pasé muy mal para llegar a casa, ahora ya casi no puedo salir de casa sin cojer la bici. Hasta me he comprado una caja para atarla a la bici y poner la compra ahí. Además, ya monto con ello en metro y tren como cualquier finlandés.
  2. Biblioteca. Hará cosa de una semana me hice la tarjeta de la biblioteca. En esta ciudad hay un montón de bibliotecas y muy surtidas con libros en inglés. Lo único malo es que tengo que renovarla cada seis meses porque no tengo número de la seguridad social finlandés. Otra cosa más sobre las bibliotecas, aquí hay diferentes multas de variadas cantidades de dinero por cada falta que se pueda cometer como, por ejemplo: entregar un libro tarde, romper la caja de un CD o pedir que te reserven algún material. Pero, eso sí, puedes coger hasta 40 objetos distintos.
  3. Banco. El lunes decidí que no quería que me cobraran comisiones por sacar dinero del Otto (cajero automático en finlandés es Otto, a mí el nombre me hace gracia) y me fui a Nordea a hacerme una cuenta. Este primer intento resultó infructuoso totalmente y además me sentí como Harry Potter a la caza de los siete Horrocruxes o buscando las Bolas de Dragón. Primero, me equivoqué de planta (veinte minutos de espera para nada ¬¬) y en la segunda planta, la correcta, tuve que esperar otros diez minutos. Cuando me atienden me dicen que si no trabajo o si no tengo algún tipo de beca de Kela (es el organismo para la ayuda a la infancia y la juventud finlandés) que nada. Entonces saco mi carné de estudiantes y mi carné de descuento de las comidas y la mujer parece que se dispone a hacerme la cuenta, pero no podía ser tan fácil. Ahora me pide algo para identificarme, yo le doy el D.N.I. que resulta que no sirve y tuve que irme sin cuenta en el banco porque necesitan el pasaporte. Yo, que no me di por vencida, volví el jueves a hacerme la dichosa cuenta. Al fin lo conseguí y tengo cuenta en Nordea. Sí, sí, aunque no me llega la tarjeta hasta dentro de una semana.
  4. Abono transportes. Esto ya lo hice nada más llegar y es una tarjeta verde con círculos concéntricos hipnotizantes. Sólo cuesta 22 euros al mes y puedes coger todos los medios de transporte en el área de Helsinki que te plazcan. Y ademas no es el típico billete madrileño que se arruga, se moja o se desimanta sin darte cuenta; y te la dan con funda del color que tú elijas. Es un chollazo.
  5.  Compra. Me he adaptado completamente bien a los nuevos sabores y comidas del norte. Porque aquí hay comidas de sabores muy extraños y platos muy diferentes. Ampliaré esto en alguna futura entrada, aunque sólo diré que en la próxima compra me haré con un yogur de café.
Esto es todo lo que se me ocurre por el momento. Mañana marcho a San Petersburgo, Leningrado o Petrogrado hasta el martes. Esto significa que en torno al miércoles haré la entrada de la visita y, como estoy de vacaciones hasta el 23, haré alguna más sobre las elecciones y otros asuntos finlandeses.
Moi moi
 

viernes, 5 de octubre de 2012

Turismo por Finlandia II: Estocolmo (primer viaje)

Llevo casi un mes sin dar señales de vida pero ando acabando la primera parte del cuatrimestre y ando con exámenes y trabajos. Así que no es muy interesante contaros pues he hecho un trabajo de esto o he estado estudiando cómo manejar grupos de trabajo. Por tanto, hoy os traigo mi visita a Estocolmo del pasado fin de semana.
Empecemos, cogimos un barco en Helsinki el jueves 27 de septiembre  y en el que estuvimos diecisiete horas hasta que llegamos a Estocolmo. Menos mal que me fui al camarote a dormir pronto porque aquello hubiera sido eterno, aunque las primeras horas ya lo fueron. Aun así, decir que el barco en cuestión estaba muy bien equipado con sus tres restaurantes, su casino, sus dos salas de espectáculos y su tienda. Respecto a los espectáculos, casi se me olvida, nos pusieron Abba hasta en la sopa (se empezaba a notar que íbamos a Suecia) y karaoke en plan oriental, karaoke donde siempre se arrancaba a cantar el mismo abuelillo con canciones en finlandés que me parecían villacincos. Así que, lo dicho me fui a dormir pronto.
Al día siguiente llegamos a Estocolmo y, supuestamente, íbamos a tener un recorrido en bus turístico por el centro de la ciudad. Pues bien, la empresa de autobús se confundió de día y nos quedamos sin tour y andando al hotel durante una hora. Menos mal que el equipaje se lo llevaron en taxi y vimos el centro de camino. Por lo menos el centro es como de juguete, os dejo fotos más abajo para que juzgueís vosotros mismos.
El hotel, una maravilla, las camas más comodas que he probado en mucho tiempo, un silencio increíble y un desayuno buffet maravilloso. Además por la tarde apenas hicimos turismo, estuvimos comprando souvenirs y yo buscando un libro que llevarme a casa para acordarme de Suecia. Al final no encontré el que buscaba y me conformé con otro autor. Ya de noche nos fuimos a cenar al tailandés, que no estaba mal excepto por el precio y la cantidad de picante; pese a eso me gustó la experiencia.
Ya el sábado disfruté el maravilloso buffet y nos fuimos al Palacio Real. Tras ver el cambio de guardia sueco, nunca me han parecido interesantes estas cosas, nos hicieron una visita guíada por el palacio en cuestión. Esto sí que estuvo bien, sin embargo la parte que no nos explicaron la tuvimos que ver corriendo porque había que coger las maletas y volver al barco. Vamos, un pelín desastre.
De vuelta al barco, otras eternas y torturantes diecisiete horas en barco. Menos mal que esta vez aparte de Abba y música de Cuéntame en finlandés había un hombre tocando canciones más interesantes. Pero eso sí, siguió siendo un aburrimiento.
Como podeís ver no es que esté muy contenta con el viaje en sí, así que he decidido que volveré antes de dejar Finlandia y disfrutarlo más. Me he quedado sin ver muchas cosas y no he visto ninguna iglesia, yo no puedo irme de un país sin ver al menos una iglesia. 






 







 
 

Moi moi.

(En la siguiente entrada os contaré cómo me estoy volviendo finlandesa del todo, sólo me falta ser rubia)